Libro, Librito, ¿Dónde Estás?

Hace algunos años, Guillermo Sheridan escribió una columna titulada “La Lectura en México”. En ella, él explica que el mexicano no solo no lee, ni le interesa leer. ¿Cuál es una de las pruebas? En aproximadamente medio siglo, el número de librerías por cada millón de habitantes ha bajado 60%, a unas 18 librerías por millón de habitantes. Si lo comparamos con Estados Unidos, ellos tienen más del doble de librerías por millón de habitantes. Aún más, si confiamos en las encuestas, el Mexicano lee 2.8 libros al año, colocándolo en los últimos lugares en índices de lectura. Qué curioso que los Americanos son los que cargan con el estereotipo de incultos y no nosotros.

¿Qué hay detrás de este problema? ¿Por qué el mexicano no lee? Unos dicen que por pereza, porque los jóvenes pasan mucho tiempo en el internet, por falta de interés. ¿Están todas estas ideas correctas, solo una, o ninguna? Como dice Guillermo Sheridan: “Misterio”.

Sin embargo, estaríamos equivocados en no tratar de encontrar una solución simplemente porque no entendemos el problema y todas las otras soluciones han fallado. Seguro de los fracasos anteriores hemos aprendido algo. Por ejemplo, aunque a mí me gusta leer, no tengo mucho interés de ir a una feria de libros, de ir a talleres, u otros esfuerzos que Sheridan categoriza como fracasos. El motivo: pienso, equivocadamente, que no lo disfrutaría.

Lo que hay que cambiar es la idea que la lectura no es divertida. Pienso que la gente no lee porque lo ven como un acto aburrido. Entonces, ¿por qué no hacer un rebrandingde la lectura? Si cambiáramos la imagen de la lectura a divertida en vez de aburrida, podríamos motivar a más gente a leer. Tenemos que volver la imagen del acto de la lectura en algo estimulante (la lectura ya lo es).

Una idea que he contemplado varias semanas es la creación de una publicación semanal para escuelas. ¿Suena aburrido, no? Espera.

Imagina una publicación en donde cada semana se publique una historia ficticia que involucre a niños y niñas del municipio pero la única forma de descubrir quien fue protagonizado es leyendo la historia. Esa publicación seria distribuida a las escuelas del mismo municipio gratuitamente.

Si el semanario está bien hecho, los niños estarían interesados en leer la historia porque la disfrutan. Luego, si la publicación promueve otros libros, igual y esos niños estarían más dispuestos a leerlos. Si esto funciona más jóvenes verían la lectura como algo divertido y estimulante envés de algo aburrido.

Claro, esto puede no funcionar y seguir con la triste realidad pintada por Guillermo Sheridan. Pero si funciona, lentamente más habitantes estarán interesados en la lectura y tendremos mayor probabilidad de ser un país más culto y estudiado. Hay que atacar la lectura no solo promoviéndola, sino cambiando su imagen.

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